miércoles, 30 de marzo de 2011

Los peores covers hechos por músicos colombianos. O los peores músicos colombianos haciendo covers


Un día cualquiera, en un viaje en taxi con radio prendido, me enfrenté súbitamente ante uno de esos covers musicales que hacen explícita su intensión de absorber el éxito de las versiones originales para transferirlo a mediocres bandas. Fue entonces cuando recordé algunos de los intentos fallidos que se han gestado en esta tierra.

Al ir recopilando algunos de los covers más lamentables hechos por nuestros artistas y, por supuesto, sin sacralizar las canciones originales, me pude dar cuenta de que el tema de las adaptaciones de otras canciones era anecdótico, pues lo más lamentable no eran los covers sino las bandas o músicos en sí, situación que un dicho popular resumiría muy bien: no le pida peras al olmo.

Conociendo de antemano el gusto por los múltiplos de 5 para cualquier conteo o ranking, acá mi top 5 de los peores covers hechos por colombianos:

5. Hombre lobo en parís - The Mills

Patrocinada por los viejos adolescents de Radioacktiva, este grupo representa una camada tan rockera como Hello Kitty, en la cual también están The Hall Effect, Don Tetto y todas esas. Con influencias sutiles del emo, los integrantes de The mills, que se identifican con nombres como “Bako, Geogy o Dezee”, hacen un cover de la canción que compuso La Unión, uno de esos grupos famosos de los ochentas, cuando estaba en auge el “rock en español”. El sonsonete de estos grupos colombianos que se catalogan como “rock alternativo”, sea lo que eso signifique, es posiblemente más aburrido y menos emocionante que Mockus cantando “yo vine porque quise, a mí no me pagaron”.




4. Ah ah oh no - Wamba

La canción original fue compuesta por Willie Colón e interpretada por Hector Lavoe, a quien se le conoció justamente por su carácter y personalidad para cantar, característica por la cual fue conocido como El Cantante de los cantantes. Aunque cualquier palabra que uno le dedique a Wamba es excesiva, basta con decir que su insustancialidad no tiene límites y que son la representación más clara del tropipop, esta música maldita y mediocre, hecha por cachacos con sombrero vueltiao que luego de ir al Hilton de Cartagena, se creen más caribeños que Joe Arroyo. Así como Fonseca siempre soñó ser como Carlos Vives, no dudo que los chicos de Wambis quieran ser como Fonseca.




3. Idilio - Fonseca


Este personaje es el precursor del tropipop y en su carrera interminable por ser el Carlos Vives rolo, probablemente haya intentado ponerse unos hotpants de jean, pero en un atisbo de cordura se dio cuenta de que sus piernas lechosas lo harían quedar más en ridículo, incluso, que si embutía un sombrero vueltiao. Fonseca es el tropipop maduro, ese que tanto gusta a mamás y tías. La canción que decidió tirarse fue compuesta también por Willie Colón, quien lamentablemente le dio vía libre para hacer lo que se le diera la gana con su trabajo; el pobre Willie anda tan perdido que hasta grabó una canción con el tropipopero, la cual, incomprensiblemente, fue más popular y vistosa que la propia frente de Fonseca.


2. El mensaje en la botella – Juanes con Ekhymosis

Para ser claros, es necesario decir que la canción El mensaje en la botella, cover de Message in a bottle de The Police, no fue hecha por Juanes, tal y como lo conocemos ahora con sus letras de quinto de primaria y su filantropía. Este cover fue hecho por Ekhymosis, el grupo al que pertenecía a quien hoy llaman Juanes, lo cual no indica necesariamente que esta versión no sea lo suficientemente mala, a mi irrelevante juicio. Existen muchos que critican a Juanes, contrastándolo con las épocas doradas de aquel grupo paisa en el que él cantaba. Sin embargo, para mi Ekhymosis fue un poco menos malo que Juanes, pero también lo bastante malo como para componer canciones como esa que dice “ama la tierra en que naciste” u otra que se titula “De madrugada”, claves para entender lo que hoy es nuestro más insigne parce.


1. Nothing else matters – Shakira

De ser aquella jovencita que representaba toda la estética Timoteo o Jordano en su video Mágia, pasó a ser una baladista pop, no sin antes explorar por los lados del “rock” blandengue, para luego llegar a la bachata “loca”, con la que nos sorprendió recientemente. Su fama, ya mundial, le ha permitido explotar todo su eclecticismo, que es más bien una mezcolanza informe, hasta el punto de atreverse a hacer lo que hizo con la canción de Metallica sin que esto tenga consecuencias de consideración para su carrera, la cual cuenta con idólatras en todo el planeta. Shakira podría incluso volver merengue una canción de Megadeth, pero al mismo tiempo fabrica un romance con un futbolista del equipo más popular del mundo y sigue llevándose la atención de todos.

miércoles, 23 de marzo de 2011

10 tipos de twitteros colombianos (porque soy SME)


No sé desde cuándo estoy en Twitter y por supuesto me importa un comino saberlo; obviamente no soy de esos pura sangre que ya eran trinadores profesionales antes de que se inventaran la popular plataforma del pajarito. No me importa evaluar mi “desempeño” de cientocuarentacaracterólogo, probablemente porque por cada persona que me “sigue”, otras cinco salen corriendo, en lo cual ya tengo experiencia, pues al fin y al cabo esto de escribir en un blog me ha enseñado que por cada párrafo me gano, en promedio, 3 madrazos.

Sin embargo, el tiempo dedicado a leer @’s y #’s me ha permitido conocer ciertos perfiles de twitteros que abundan, sobre todo en Colombia. Es así como gracias a este texto empezaré a proclamarme como Social Media Expert (SME), pues después de escribir esto cumpliré a cabalidad con los tres requisitos para ser uno de ellos en Colombia: el primero es auto catalogarse como tal, el segundo decir obviedades y por último, pero no menos importante, llevar un redactor de decálogos en el corazón.

Sin más preámbulos, aquí los perfiles que he encontrado (obviamente, para consolidarme como SME, serán 10):

1. La celebridad criolla: Sabiendo muy bien que la televisión logra convertir caprichosamente en estrella a cualquier pelafustán de rasgos finos, 140 caracteres son más que suficientes para hacer evidente la limitación mental que garantiza la fama, la cual se puede erosionar levemente si lo trinado riñe con la indignación que tengan los twitteros ese día. Sin embargo, y a pesar de que en un par de líneas se haga evidente un cerebro más pequeño que un maní, las celebridades siempre tendrán miles de seguidores.

2. Caricaturista: Lo que queda claro con la presencia de caricaturistas en Twitter, es que un solo dibujo con un par de viñetas es más que suficiente para ellos, todo lo demás sobra. Con sus trinos no se cansan de cansar, demostrando también que su interacción con algo más vivo que una hoja y un lápiz, los devela como seres más fachos que el mismo Mussolini. Ellos en sí mismos son una caricatura.

3. El club de los lagartos: Como internet es el medio ideal para tener la sensación de dejar de ser anónimo, la mejor forma de ganar alguna mención es que todo lo que se trine vaya copiado a Daniel Samper Ospina o alguna celebridad twittera. Si a ellos les parece que lo dicho merece ser retuiteado, el lagarto se verá recompensado con una fugaz aparición en un timeline leído, pero que se desplazará a la velocidad en la que otro lagarto aparezca en busca de un retuiteo, es decir, en 0,5 segundos

4. Community manager: Recién salidos de la universidad, o incluso aún siendo universitarios en su mayoría, estos personajes son los encargados de darle voz a una empresa o marca. Se toman muy en serio esa teoría que acaban de aprender, bajo la cual las marcas deben involucrarse con su público, escucharlos y participar en conversaciones de una forma cercana, tanto así que los community managers terminan administrando esas cuentas como si estuvieran tomando cerveza en la tienda del frente de la universidad. Eso, cuando no confunden su cuenta personal con la de su trabajo y se les va un madrazo que luego no tienen como justificar si no es borrando el trino que un cazador de gazapos ya habrá capturado en un pantallazo imborrable.

5. Social media Expert: Seguir a todos es la consigna. Una vez haya seguido a todo el humano o robot que esté en Twitter, garantizará un porcentaje de seguidores gratuitos por aquella cordial fórmula del followback (seguir a quienes los siguen sin importar quiénes sean o lo que digan). Con varios miles de seguidores como aval, estos personajes proceden a organizar charlas y talleres de obviedades, donde también hablan de reglas y decálogos que les legitimarán cobrar varios miles de pesos a los incautos que caen en sus redes -sociales-.

6. El cotidiano: Su interés principal es contarle al mundo que se acaba de quemar con una papa, que está con los pies mojados por culpa de la lluvia, que los fríjoles que ingirió lo tienen internado en el baño o que Germán es el man es muy chistoso, así sin más rodeos, sin mayor elaboración y tal como están aquí expresados.

7. El hackeado: Bendito sea el hacker, pues gracias a ese personaje oscuro se puede andar diciendo cualquier cosa y luego echarle la culpa a una intromisión fantasmal en la cuenta. Eso argumentó el ministro de defensa cuando cometió un error ortográfico, el periodista Ricardo Orrego cuando confirmó la muerte de Alfonso Cano o la negra Candela cuando mató a Joe Arroyo. Digan lo que quieran que la culpa siempre la tendrá el hacker, quien al parecer ya tuvo acceso a los cerebros.

8. Experto instantáneo: Si hay manifestaciones en Egipto, ellos se volverán expertos en ese país y hablarán día y noche de su historia, política y economía, e increparán a todo aquel que no sepa tanto como ellos. Son lectores veloces de Wikipedia y con esa información botarán datos curiosos cada minuto.

9. Cazador de gazapos: Su vida está destinada a la corrección, y si hay cazadores de errores en las películas, en Twitter existen los que siempre están atentos a que alguien no tenga la ortografía de Rufino José Cuervo o que diga alguna estupidez. Guardarán testimonios de cada error cometido y si por ellos fuera, enviarían a la hoguera a los autores del error.

10. El político: Los SME (como yo) dicen que en la política actual es vital tener presencia en las redes sociales. Por eso, los candidatos a cualquier cargo de elección popular empiezan a transcribir discursos segmentados en mensajes de 140 caracteres. Al igual que las celebridades, el uso irrefrenable de Twitter pone en evidencia que para ser político el único requisito es no haber pasado por la primaria, característica fácilmente comprobable con una visita a la cuenta del presidente del Congreso.

miércoles, 9 de marzo de 2011

Cartagening Hilton


He estado de vacaciones 3 veces en Cartagena, y por supuesto que he hecho lo que todo rolo blancucho debería hacer allí: conocer el castillo de San Felipe y tomarme fotos con un sombrero sudado de pirata, meterme en los zapatos viejos y en ese mar que es más sucio que un zapato viejo, comer en el imperio de Juan del Mar en la ciudad amurallada, pasear en coche, insolarme en un hotel de esos de catálogo, salir de rumba a los sitios que son una copia idéntica y sin gracia del rumbiadero bogotano de moda, ser presa de los millones de vendedores que salivan al ver mi pinta de cachaco, etc. Pero nunca conocí mejor a Cartagena como hace pocos días, que fui a trabajar y no estuve ni siquiera un día completo.

Con mi inocultable pinta de cachaco y con la experiencia vacacional previa, al llegar al aeropuerto esperaba una avalancha de taxistas diciendo cosas incomprensibles en costeñol y dispuestos a vaciar mi billetera con cualquier recorrido; sin embargo, esta vez a las 9 de la mañana, en temporada baja y sin ningún festival en el cronograma cartagenero, posiblemente para ellos era sólo un desgaste ir hasta ese lugar en el que no encontrarían extranjeros a los cuales chupar la sangre. Por fortuna, había un cartagenero de la empresa esperándome allí, quien al son del poco caribeño Santiago Cruz y Ricardo Arjona no podía disimular su risita al ver que yo con el juicio de un rolo exagerado me ponía el cinturón de seguridad.

Emprendimos entonces el camino y él, como buen anfitrión obligado, se dedicaba a mostrarme por el camino algunas nuevas construcciones irrelevantes y sin terminar que parecían despojos de las fiestas de cualquiera de los festivales que se hacen en Cartagena, con el agravante de que nadie trabajaba para que algún día fueran algo habitable y terminado. La cita extrañamente había sido programada a las 9:00 a.m., diez minutos después de que el avión pusiera sus llantas en la ciudad, y a pesar de mi afán y preocupación por el evidente retraso, allá a nadie le importaba si empezábamos a la reunión a las 10, 11, 12 o incluso si no la empezábamos.

El camino era una carretera sucia (y nueva) con dos carriles diminutos, aptos para ser transitados solamente por R4s; a los lados nunca hubo una construcción de más de dos pisos y muchas de las de un solo piso eran de ese palo viejo de pintura opaca y desgastada. La gente cruzaba las calles también sin el afán mínimo de salvar la vida, otros estaban en el andén mirando qué pasaba por ahí y nuestro carro parecía una novedad en sus vidas, pero lo seguían solamente hasta donde da el extremo de los ojos. Allí todo funciona diferente y parece que reina la desidia. Todo funciona diferente a esa Cartagena que se ofrece muy elegante al turista. Todo funciona diferente a la Cartagena que sale en televisión cuando llega Rubén Blades al Hay Festival, Willem Dafoe al festival de cine, Javier Bardem a hacer una película o Poncho Rentería a cualquier evento.

La Cartagena sin murallas probablemente tiene menos gracia que Ibagué y es habitada por cientos de miles de personas que, si no fuera por la desidia cartagenera, fácilmente podrían tumbar las murallas que protegen a Juan del Mar y a Raimundo Angulo a punta de piedras, machetes y frustración. Sin embargo, la inercia de esa ciudad hace que la mayoría de cartageneros se dediquen a nutrir la opulencia amurallada y seguramente, sin mayores afanes, se dedican a hacer trencitas y masajes en la playa, a vender ostras asoleadas o simplemente a robar a pálidos portadores de sombrero vueltiao.

No obstante, sigue siendo el lugar preferido para convertir la cabeza en una maraca a punta de trencitas playeras, colorear la piel con el tono de la camiseta del América de Cali y tomarse fotos, que saldrán en la revista Caras, en matrimonios de guayabera y en los peores casos de pareos. La mejor representación de Cartagena fue el famoso episodio de señorita Guainía, quien sin sonrojarse dijo en su propio inglés que estaba “felicitin in Cartagening Hilton”. Así es la ciudad amurallada, que muestra una cara pretenciosa pero que se pudre por dentro (en este caso por fuera) y que en su mayoría no tiene ninguna gracia. Una vez hecho el trabajo por el cual fuí a esta ciudad, que a pesar de haber pisado 3 veces y por más tiempo no conocía, regresé a Bogotá, de la cual ya es mejor ni hablar.

miércoles, 9 de febrero de 2011

En Andrés, gastando lo del mes y comprobando lo malo que es

Llevado por uno de esos compromisos ineludibles y con el riesgo siempre latente de ser tildado de antisocial o ermitaño en caso de no aceptar la invitación a una fiesta, regresé, después de varios años y para mi desgracia, al anhelado, prestigioso y concurrido “rumbiadero-restaurante-bar-vitrina-legitimador” Andrés Carne de res.

En la adolescencia no fue necesario que pisara por primera vez ese santuario de la chatarra y la colombianidad para tenerle repulsión, vaya uno a saber porqué, pero esa injustificada antipatía se fue convirtiendo en un cúmulo de razones cuando, por la inercia grupal, terminé metido allí al finalizar la época de colegio y empezando la universidad. Fue entonces cuando me di cuenta de que eso de andar buscando la aprobación de un pelafustán de 2 metros, que define quién entra y quién no al lugar al que ese mismo pelafustán, si no fuera empleado nunca entraría, era la más burda muestra de arribismo. Sumado a esto, de contar con el aval del peliparado engominado de la entrada, la parte consumible del cover a duras penas me alcanzaría para la mitad de una cerveza que costaba lo que en cualquier otro lugar, con menos “arte”, me alcanzaría para una borrachera desmedida.

A pesar de esta predisposición, el fin de semana pasado estaba nuevamente allí con los ojos atentos para encontrar asidero a cada uno de los motivos que he tenía para no querer pisar ese lugar y tomando atenta nota para escribir este texto de desahogo, ya que no seguiría el consejo que un buen amigo me dio cuando supo que estaba entrando a ese lugar: “inmólese”.

La decoración de Andrés (a secas, así como al parque de la 93 se le dice “el parque”, al fin y al cabo parecen ser los únicos) invariablemente mantiene un toque de transgresión de la más barata, de esa que los abuelos denominan como sicodelia: “ese lugar es todo sicodélico”, con platos pegados al techo, tapas de gaseosa pegadas a la pared, y posiblemente en los próximos días un inodoro al lado de las mesas y cosas así de locas.

Y para que combinen con la decoración, en Andrés prefieren contratar estudiantes desaliñados  que no vayan a reñir con la pinta de los clientes. Estos meseros son tuteadores profesionales y parecen reclutados de cualquier facultad de artes o diseño; por supuesto si ellos fueran como clientes, los enchaquetados de la entrada, que escrutan a todo cliente con visión de rayos x, tampoco los dejarían entrar.

Quienes sí tienen vía libre son todos aquellos que ostenten el título de subgerente o gerente, en lo posible con un cartón de ingeniero, y que se haga llamar entre sus amigos “ingeniero Perez” o, con tono recochero, “ingeniebrio”; también caben otros profesionales que sean dignos de un apelativo de doctor, incluso entre sus propios amigos: “ole doctor”. Pero la clave para que estos detalles se hagan evidentes es ir con unos jeans apretados, que guarden dentro de sí el extremo de una camisa de las que llevan en el pecho algún animal, ya sea un caballo, un águila o un lagarto. Es muy importante también el pelo muy corto, con patillas que lleguen a la mitad de la oreja, de tal forma que cualquiera de los sombreros de cinta colombiana o las coronas que los titulan como reyes de la rumba no impidan su lucimiento.

Una vez comienza el baile, al son de cualquier reggaetón o tropipop del momento, esquivando las caravanas de tristes actores que interpretan a borrachos bulliciosos aún más tristes, los ingenieros de camisa de animalito son acompañados por toda la comunidad rumbera de la pre-tercera edad. Todos ellos, sospechosamente evidenciando su carácter parrandero y ánimo jubiloso, no dudan en hacer gala de sus tradicionales movimientos de baile de club con orquesta de Lucho Bermudez, pero en este caso aplicados a la música de Daddy Yankee, Mauricio palo de agua o el insoportable Pa-panamericano.

El momento cumbre de la fiesta llega cuando la masa informe, despojada ya del asco habitual y en pleno roce de sudores de güisqui o aguardiente, oye el meneíto, el aserejé o la macarena. Es entonces cuando como autómatas, a pesar de cargar con una borrachera que los hace inútiles hasta para caminar, retoman la cordura y activando el  chip coreográfico se mueven al unísono como si toda su vida estuviera destinada a hacer alguno de estos bailes. De la misma forma, al comenzar el vallenato de Silvestre Dangond, las tradiciones culturales de toqueteo se apoderan de los hipermachos que, justificados por el alcohol, dan rienda suelta a cualquier tradición cultural.

Una mezcla de tropipop, alcohol, reggaetón, camisas con animales en el pecho, tristes actores, chatarra resignificada, sombreros colombianos y caldo, es ideal para aflorar pasiones que comienzan con una sonrisa coqueta con la ceja levanta y terminan con una sonrisa violentamente ampliada y la ceja rota, como el hecho aquí descrito y protagonizado por los colombianos de bien, sobre todo los de más bien, público ideal para frecuentar el lugar más famoso de Colombia: Andrés Carne de res.

lunes, 17 de enero de 2011

No deje para hoy lo que puede hacer mañana después del accidente

Vivo en una de las cuatro edificaciones que bordea la que un vecino de sudadera y cachucha que paseaba a su perro denominó como “la esquina de la muerte”, en Cedritos. La semana pasada, este lugar fue el escenario de un accidente entre un veloz y eficiente taxista que al pasarse una señal de pare estrelló a una ruta escolar, causando que los jóvenes ocupantes salieran heridos y la camioneta, esquivando peatones, quedara volcada sobre el andén. Aquí la evidencia de que sí sucedió.

Vivir en la ahora popular esquina, en donde lo extraordinario es que no haya una estrellada semanal (curiosamente causada el 80% de las veces por un taxista), me ha corroborado una idea que cada día tomaba más fuerza en mi cabeza: en Colombia las cosas se hacen bien y se solucionan solamente cuando hay muertos o accidentes y son legitimados por una transmisión televisiva.

Sólo hasta que fueron niños los heridos, sólo hasta que tuvieron que llegar los bomberos y las ambulancias, sólo hasta que RCN llevó sus cámaras, el clamor del vecino que pasea a su perro en cachucha y sudadera todas las mañanas, fue atendido. Era obvio que una esquina que se catalogue como “de la muerte” necesitaba alguna medida diferente a una señal de pare torcida y grafiteada. El fin de semana, una cuadrilla de obreros de overol anaranjado (que ojalá no sean de los mismos de la fase 3 de Transmilenio) alguna obra estaban haciendo allí para evitar que se repita lo sucedido la semana pasada y todas las demás semanas pasadas, pero que no se vio en televisión.

Contrario a lo que uno podría pensar, esta maldición no es únicamente de Cedritos, pues en la 116 con autopista, días atrás, fue necesario que un carro terminara clavado en la baranda del puente mirando hacia el misterioso burdel conocido como La Mansión (aunque el conductor no tenía interés de chicas), por culpa de un cráter que engalanaba la subida del puente. Al día siguiente, gracias a la destrucción de la parte frontal del carro del sacrificado ciudadano que probablemente salga en sudadera y cachucha a pasear a su perro, el hueco fue tapado, no sin antes estallar decenas de llantas de conductores desprevenidos. Al parecer el hueco gemelo que hay al otro lado del puente, en sentido occidente-oriente, todavía no ha cobrado las suficientes víctimas como para que los obreros de overol anaranjado que taparon el primer hueco cruzaran la calle para solucionar ese problema también.

Estas son solo dos pequeñas y recientes muestras de lo que tiene que pasar para que el ciudadano de sudadera y cachucha que pasea a su perro por las mañanas, pueda encontrar solución a los problemas de la ciudad que lo afectan día a día, a pesar de que él pague siempre a tiempo sus impuestos y acuda juiciosamente a las urnas a cumplir con la obligación democrática de escoger al mejor candidato para que gobierne su ciudad…¿?

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Taxi Driver Bogotá

Al ritmo de la salsa calenturienta de Eddie Santiago a todo volumen, un conductor de taxi, que en su silla de bolitas de madera se ubica en un ángulo de 150°, impidiendo que en el puesto de atrás se siente una persona (aunque el carro que maneja supuestamente cumple la función de llevar pasajeros) va buscando un impotente cliente que deba someterse sin más opciones a su arbitraria voluntad.

Solamente podrá ingresar a ese vehículo, que con sus luces neón y sus pantallas miniatura parece la versión rodante de una rockola de cantina, aquel que tenga la suerte de dirigirse al lugar al que el conductor quiera llevar ese remedo de nave, aunque su trabajo debería ser transportar a los ciudadanos al sitio que ellos necesiten ir.

Una vez conseguido el pasajero o contribuyente de ese mini reino, este deberá sentarse como pueda en el palacete del príncipe chofer, soportar la punzada que penetra la nariz por culpa de un ambientador más empalagoso que unas brevas con arequipe y salsa de guayaba y agarrarse de donde pueda para que cada frenada no le disloque el cuello, como parece haberlo hecho ya con el perro que va en la repisa del carro.

El casi siempre necesitado, y por lo tanto sometido pasajero, debe resignarse a ver cómo el conductor gira hábil e irresponsablemente el pequeño timón café imitación madera, mientras un cronómetro de dígitos rojos contabiliza los segundos o la cantidad de huecos que el carro sobrepasa a la misma velocidad que el chofer gira el timón, velocidad similar con la que reserva otra carrera en el ilegible y ensordecedor radioteléfono. No hay semáforos, señales de pare o contravías que detengan el afán del conductor.

Por fin termina el arriesgado recorrido al que chofer y pasajero milagrosamente sobreviven y lo que parecía ser un cronómetro, resulta ser un sospechoso taxímetro. El conductor, como todo aquel que conoce a la perfección su trabajo, dice sin dudar, al tiempo que pisa el freno, el valor del servicio. El pasajero prevenido pide la tabla de tarifas, que se encuentra únicamente al alcance del taxista al lado izquierdo del timoncito y allí descubre con ingenuidad que el conductor al parecer no hizo la primaria, pues o no sabe leer o hace multiplicaciones equivocadas por lo cual cobra más de lo que debe.

Al haber aclarado el valor, $8.500, el pasajero entrega un billete de $10.000, pero a juzgar por la transformación de la cara del taxista y la rabia con la que aprieta la barra de cambios de peluche, se podría pensar que la Policarpa del billete asesinó a sus familiares o le hizo algún daño irreparable. Pero no, todo se debe a que no tiene vueltas. A pesar de que el pasajero está pagando por su servicio, todavía tiene una deuda más con el conductor, debe darle la suma exacta, más conocida como sencillo o suelto, o de lo contrario deberá emprender la búsqueda de alguien que le cambie el billete a menos de que quiera ser insultado por el conductor o incluso agredido.

Una vez terminado el “servicio”, el taxista coincide con sus colegas para planear un nuevo paro, si es que el alcalde de turno llega a mencionar algo que pueda poner en riesgo su tradicional e inmodificable método de trabajo; esto con el beneplácito de uno de los dueños de Bogotá: Don Uldarico. Esto último no sin antes haber aclarado al pasajero que la prima navideña es de mil pesos adicionales.
________________________________-
Actualización: Ahora se puede denunciar a los taxistas que no recojan a los pasajeros

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Uno de los huevos de Uribe

Este huevo de los de Uribe busca un nuevo destino. Le gustaría ir a Chile, su tierra natal.

martes, 23 de noviembre de 2010

Colombia sufre de narcolepsia, también

Hace más de un mes, el periodista (profesión que en el diccionario de colombianismos es sinónimo de suicida) Hollman Morris publicó en su cuenta de Twitter una frase que inspiró este post y que inquietaría a cualquier persona saludable: “Colombia no dormirá el día que se entere cuantos de los desaparecidos son menores de edad”. Esta sentencia surgió a raiz del asesinato de tres niños de Tame a manos de un oficial del ejército que violó a una niña y luego la mató, junto a sus hermanos también menores de edad. Entre los tres niños, no sumaban ni siquiera la edad de ese Cristo que se invoca en los hogares colombianos todas las noches antes de dormir.

Lamentablemente, lo que parece ignorar Hollman es que Colombia, además de padecer males como el de alzheimer y la esquizofrenia, también es aquejada por graves episodios de narcolepsia, enfermedad que, dice Internet, es la “tendencia irresistible al sueño presentada en forma de crisis agudas”. En otras palabras, la narcolepsia hace que de un momento a otro el sueño se apodere de manera profunda de quien padece el mal, en este caso, de Colombia.

Hechos como el ocurrido con estos niños, en el cual están implicados los guardianes de la seguridad nacional, harían que un país sano no pegara el ojo hasta que, por lo menos el papá de los niños muertos, gracias a la acción de la justicia, tenga la ilusión de poder dormir algún día sabiendo la verdad del crimen y los castigos a los culpables, pero teniendo en cuenta que, cual anciano moribundo este país es aquejado por varios males, se hace prácticamente imposible no quedarse dormido.

Y si el insomnio empieza a atacar, hay varios estímulos apropiados para conciliar el sueño. Por ejemplo, cerrar los ojos con la arrulladora voz de las reinas de belleza que puede ser muy inspirador e incluso garantizar sueños de monarquías y reinos mágicos. También, para vivir más dormido que despierto, una buena dosis de Protagonistas de novela y sus consecuentes escándalos garantizarán que se pueda soñar con un mundo de cuerpos perfectos y de múltiples apariciones en la pantalla chica, y por qué no, también en la pantalla grande; al fin y al cabo en el mundo onírico todo es posible. No hay que descartar la somnolencia que se consigue después de una buena Pola, ya sea la bebida o la embebida televisiva.

La placidez del sueño, aderezada con la automática felicidad navideña, es el momento ideal para hacer un mundo más feliz a través de donaciones en los supermercados para el ejército, el mismo que en alguna pesadilla pasajera apareció como verdugo en Tame o en Soacha o en todos aquellos lugares que hasta ahora no existen si no para algunos constantes murmuradores que hablan de más abusos y violaciones. Como toda pesadilla, lo mejor es superarla con el olvido y la ilusión de nuevos y mejores sueños.

Mientras que hay unas madres en Soacha, un padre en Tame y no sabemos cuántos más que nunca volverán a dormir, el resto del país, en “contravía” con lo que dice Hollman Morris, duerme plácidamente gracias a la narcolepsia nacional, o simplemente porque poderosas pastillas para dormir, como firmar referendos de cadenas perpetuas, hacer grupos en Facebook, donar los 10 pesos de las vueltas del mercado o discutir sobre la autenticidad de los protagonistas de novela, garantizarán un sueño perfecto.

Dulces sueños…

jueves, 18 de noviembre de 2010

J-oda a Ceditros, el barrio diminutivo



Ahora que he regresado a Blogger, donde por el momento el único que escribe soy yo, he de comenzar hablando de Cedritos (hablando de mí), el barrio que he tenido que padecer y gozar la mayor parte de mi vida y que ha definido mi experiencia cotidiana en esta ciudad, cuyo cielo típico es cualquiera y cuyos transportadores públicos son, incluso, más peligrosos que los concejales.


Para comenzar, en los últimos días he pensado que cualquier barrio que tenga un nombre en diminutivo solo puede acoger pequeñeces y no merece mayor consideración; qué distinto suena decir Santa Helenita a Santa Helena, o que pocas ganas dan de visitar un barrio que se llama La Fragüita. Pues lo mismo pasa con Cedritos, que no se conformó con ser El Cedro, sino que tuvo que pluralizar y disminuir su propio nombre.


Este pedazo de tierra cada vez más superpoblado comenzó, como muchos otros sectores de la periferia de Bogotá, siendo un tranquilo refugio para citadinos saturados, burros y gallinas, con algunos conjuntos de casas y muchos potreros, con vías destapadas y pocos habitantes; pero el crecimiento de una ciudad que se reproduce más rápida y efectivamente que la gripa porcina, hizo que la apacible zona, de un momento a otro, se convirtiera en el paraíso norteño al que mucho conciudadano y, por supuesto, hábiles mercachifles quisieron llegar. Como era de esperarse, la ciudad fue tiñendo de gris lo que por un tiempo fue verde y el anhelado paraíso terminó pareciendo más un infierno, o en este caso un “infiernitos”.


Gracias al obstinado anhelo de muchos por habitar cada milímetro cuadrado de este barrio, la calle 140, arteria vial principal de Cedritos, parece una arteria del vicepresidente Angelino Garzón: congestionada y taponada. Esta mini avenida que, coincidiendo con el nombre del barrio que la acoge, está hecha en diminutivo aunque tiene un tráfico similar al de Google, sobre todo los sábados. Si el recorrido es definitivamente inevitable, encontrará en ella todo tipo de compraventas que convierten al diminutivo barrio en un caldo de cultivo ideal para el ladrón o los ladroncitos, casi siempre de poca monta pero de mucha actividad, principalmente en la Bogotá de Samuelalcalde.


La población cedriteña se caracteriza por reproducirse más que un arroz chino (a pesar de que uno coma por horas, una caja de este manjar seudooriental nunca disminuye su contenido), de lo contrario sería imposible explicar la cantidad de jardines infantiles que se han apoderado del sector. Pero para competir con los jardines, las peluquerías han comenzado una incesante carrera por establecer un local en cada una de las cuadras de Ceditros, y podría decir, sin temor a equivocarme, que se puede encontrar una peluquería y un preescolar por cuadra cedriteña.


En el ejercicio de rememoración, observación e investigación para hacer este texto, encontré que existe en Cedritos un equivalente a la torre de pisa, que se conoce como  “la torre inclinada de Cedritos”; por supuesto no fui capaz de constatar su existencia y espero nunca tropezar con esta “torrecitas inclinada” en aras de mantener la cordura.


A pesar de ello, Cedritos hace parte de mi adn, es una marca (o tara) que difícilmente se me borrará, como ser colombiano o javeriano, por eso consideré más que necesario sacar esto, para que el incauto lector sepa de una vez con quién se está metiendo y de paso para que en la red haya un rincón “diminutivo” en el que exista un rastro de lo que es vivir por estos lares.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Cambio de oficina

En diciembre de 2007, con pelos más cortos en la nariz y en las cejas, pero igual de insensato e ignorante que ahora, gracias a una generosa invitación de mi amigo Thorik, emprendí con emoción el traslado de mi antiguo blog -del 2006- al portal colombiano más visitado: eltiempo.com. Dejé de lado ese espacio solitario en Blogger para colarme como el buen sapo que lamentablemente para mí bolsillo no he podido ser en la vida real, en la página a la que los colombianos de bien le entregan su fe para que llene de información, deberes y color sus cabezas.

La experiencia fue muy reveladora, principalmente por la cantidad en algunos casos, y sobre todo por la calidad de comentarios recibidos por cada entrada, que simplemente lo que hacían era confirmar lo dicho en cada una de ellas y por lo tanto despertar más de una miserable, amarga pero auténtica carcajada en mí. Fue así como me gradué de “mamerto”, “uribestia”, “apátrida”, “bruto”, “rolo”, “Mondongo”, hincha del rey de compras”, “hijo de puta” (con las más innovadoras formas de escritura para no ser censurado por el sistema) y demás apelativos de incalculable creatividad, que no alcanzaría a nombrar en su totalidad.

Sin embargo, y a pesar de haber recibido en algunas ocasiones una cantidad de comentarios que seguramente jamás obtendré en este blog, decidí que ya no quería seguir teniendo como centro de operaciones el blog en Eltiempo.com, por un lado por el nuevo diseño en el cual ya perdería irremediablemente la visibilidad anterior (motivo principal para estar allí) y por mi natural tono grisáceo que rechina con el juvenil colorido de este nuevo “Tiempo”.

Por otro lado, fue un daño irreparable para mi sentimiento de seguridad y confianza propia el no poder codearme con los vecinos de antes, de los cuales me nutrí y seguramente me seguiré nutriendo desde la “distancia” para llenar este nuevo blog. Lo anterior lo digo porque con el nuevo diseño de eltiempo.com, ya nunca más estaré al lado de calumnistas como Jose Obdulio, Fernando Londoño, Poncho Rentería, Plinio Apuleyo Mendoza o Paulo Coelho (¿?).

Las anteriores razones me trajeron de vuelta a mi viejo y humilde Blogger, donde tuve que quitar las telarañas, abrir cortinas, pintar el letrero y rellenar con las viejas entradas del blog en eltiempo.com, sólo para que se note que en nuestro país en 3 años no pasa nada; o mejor, sí pasa mucho, pero siempre lo mismo, con nuevos personajes o con viejos recargados. Espero seguir dejando aquí un testimonio de que pasan muchas cosas por estas tierras, pero casi siempre son las mismas, haciendo de este país un loop interminable.

El blog de eltiempo.com probablemente continúe con otro nombre y con las siempre agudas apreciaciones de su dueño original, Thorik. Posiblemente yo haga algunos aportes a este, pero mi nueva oficina será acá en www.in-version.blogspot.com, donde con gusto, si deja un documento a la entrada, se les atiende (de 8 a 12 y de 2 a 5) y Helenita estará complacida en ofrecerles el tinto quemado o vaso de agua de rigor.

jueves, 30 de septiembre de 2010

Taxonomía de los pasajeros de bus público

Que mataron al más escurridizo y bailarín jefe guerrillero; que un procurador lengüisopa y rezandero destituyó a la senadora que se toma fotos con la boina sudada de Iván Márquez y habla mal del país ante un grupo de europeos que en secreto se preguntan ¿dónde diablos queda Columbia?; que en Venezuela el comandante, con su sudadera tricolor, celebra la victoria en las elecciones, mientras sus opositores también hacen su propia celebración; que el otro presidente vecino, cegado por los gases lacrimógenos, grita "prefiero estar muerto a perder la vida", y así un interminable cúmulo de noticias llegan día a día a los oídos del ciudadano común.

Si bien, una de las cosas más anheladas por muchos es emitir juicios inútiles sobre cada tema que des-informan los medios, la verdad es una sola: a pesar de que el mundo se caiga a pedazos y el tomate chonto y la arracacha suban de precio, el ciudadano común y corriente debe seguir invariablemente su rutina de telenovela de las 8 y postura de sudadera los domingos.

Parte de esta rutina es la de montar en buseta, una proeza por la cual, particularmente a los bogotanos, nos deberían regalar cinco días adicionales de sueldo cada mes. Más allá de la
adorable clase transportadora y sus particularidades, dejando de lado que nos toca soportar a los drogadictos convertidos al cristianismo y demás embaucadores, además de tener que padecer la radio mañanera, valdría la pena ahora hablar de los pasajeros.

Con años de experiencia, batiéndome como un león en el hostil mundo de la buseta, he podido clasificar a algunos de los otros habitantes del oscuro y agreste ecosistema busetero así:

Gordo con déficit de motricidad: Es aquel personaje que, gracias a su evidente sobrepeso, en el tránsito por el ya de por sí estrecho corredor del bus, no puede hacer un recorrido nítido sin entrar en empujones continuos a los demás pasajeros, así vayan sentados. Si los otros pasajeros van parados y no han desarrollado la suficiente destreza de agarre a la grasosa varilla, es muy probable que tras el paso del gordo, sean arrollados y terminen tendidos en las piernas del pasajero que va sentado o estampillados contra una ventana. Si usted va sentado al lado de un gordo, asegúrese de abrir la ventana para sacar la cabeza y no morir asfixiado.

Oficinista encartada: Pertenecen a esta categoría trabajadoras de oficina (siempre mujeres), que desconociendo las dinámicas de la buseta, pretenden emprender un viaje en hora pico con una cartera colgada al hombro, una carpeta en la mano, una sombrilla, ojalá escurriendo, y una loncherita donde llevan un almuerzo que, casi siempre, parece recién preparado por el aroma a cebolla que expele y el calor que emana. Su ubicación en la buseta es muy complicada, pues si van paradas es obligatorio que alguien más les lleve sus aditamentos o de lo contrario en todo el recorrido terminan paseando por el corredor al ritmo de cada frenada y arrancada ante la imposibilidad de agarrarse, esto sólo si tiene la suerte de no quedar estampillada contra el espacio al lado del conductor donde se ponen las monedas.

Anciana enana: Con una estatura que no supera los 1.5 metros, mujeres de la tercera edad, o cercanas a ella, con voz aguda a quienes siempre el chofer les debe reclamar porque faltan $100 del pasaje, se caracterizan por quedarse mirando fijamente conversaciones ajenas o simplemente al pasajero que va en el puesto contiguo. Cuando éste se da cuenta de la mirada fija, la mujer esquiva el cruce de miradas y se hace la desentendida, sólo por unos segundos porque al rato repite la rutina. Al momento de bajarse, es clave que haya alguien en el último puesto, pues la anciana enana nunca alcanza al timbre para anunciar la parada y siempre debe pedir ayuda.

Avatar: Entendiendo por Avatar a aquel personaje que mide más de 1.8 m (estatura que en Colombia ya lo define como gigante), este personaje siempre estará apretado en una buseta. Si va parado tendrá que hacer lo posible por suprimir su cuello y pegar la cabeza al tronco para que pueda caber, no obstante, al agarrarse de la varilla superior sus codos quedarán flexionados y por ende, encima de la cara del pasajero del lado. Si va sentado, a la fuerza tendrá que recortar su fémur para que sus piernas quepan en el reducido espacio del asiento, de lo contrario, el pasajero del puesto de adelante tendrá que soportar un recorrido dominado por los rodillazos en la espalda.

Viejo discapacitado: Aunque el medio de transporte más apropiado para un personaje como este sería una ambulancia, la precaria seguridad social de nuestro país obliga a estos ancianos moribundos a abordar estos vehículos que los aproximan cada vez más a la muerte. Con una pierna llena de clavos, con la cadera recién operada o 15 puntos a la altura del ombligo, el viejo discapacitado debe montar en buseta para acudir a mediocres citas médicas.

Bonustrack

Universitario agotado: Son aquellos personajes de jeans entubados y pelo pegado a la cara que creen que su rutina diaria y la tensión de un quiz es tan desgastante como para no poder soportar estar de pie en un Transmilenio, por lo cual deciden sentarse en el espacio de unión de los buses, generando así una aglomeración en las puertas óptima para el próspero negocio de robo de celulares.

Si usted conoce más clasificaciones, no dude en hacer su aporte para nutrir esta lista.

martes, 14 de septiembre de 2010

Hoguera 2.0


Con la autorización del omnipotente Julitonomecuelgues, el día de ayer una mujer denunció a un "caballero" (como lo diría el lema del colegio de curas al que asistió dicho personaje) que con ínfulas de Guasón decidió que la mejor manera de expulsar la sobredosis de alcohol y colombianismo acumulado de una noche en Andrés DC, era cortando la cara de todo aquel que osara privarlo del privilegio único de saborear una empanada...no cualquier empanada, sino la última del día fabricada por el gran Andrés.

No hacen falta más de dos dedos de frente para saber que en un sitio como este se pueden encontrar los peligros más inesperados de este país, pues sólo en tal templo de colombianismo el "colombiano de bien", ese bien-vestido y prestante al que sí dejan entrar a tan exclusivo lugar, sintiéndose como en casa puede explotar a gusto rompiendo botellas de aguardiente y demostrar todo su sabor y furia al ritmo de Mauricio y palo de agua, si no es que se trata de un sutil o descarado ladronzuelo de corbata.

Tras la denuncia radial de ese lamentablemente y común hecho, que se repite día tras día en las cantinas y demás Andreses de Colombia, después de un fin de semana de rutinarias lavadas de carro en chancletas, alicoramientos tropi-rancheros y misa dominical, la ciudadanía moralmente autorizada se hizo visible en internet, el espacio que por estos días es la palestra ideal para hacer la justicia ausente que en nuestro país sólo funciona para universitarios bobalicones que amenazan a otros universitarios bobalicones pero hijos de presidente.

No se hicieron esperar entonces todos los marchantes y activistas facebookeros para condenar a la hoguera a este experto en pelea con botella rota por atentar contra una vida, que por cierto en nuestro país vale menos que una empanada, no precisamente de las empanadas de Andrés, porque esas son demasiado costosas.

Sin justificar al perpetrador de tan depurada técnica de corte aguardientero y, por supuesto, sin menospreciar la gravedad del hecho, vale la pena evidenciar la nueva inquisición que se ha gestado en internet liderada por un grupo de jueces ciudadanos que reaccionan airadamente (sólo frente a ciertas indignaciones promovidas por Julito o Vicky) motivados, al parecer, por el placer simple de hacer parte de una conciencia escandalizada que sólo aparece en ciertas situaciones y que por lo tanto los hace sentir mejores personas.

No deja de sorprender que en un país con tantas muertes violentas como huecos en las calles bogotanas, sólo casos como el de "el cortador alcoholizado", "el jurista chofer" (aquel abogado que mató a una persona conduciendo embriagado) o "el marido encolerizado" (aquel barranquillero que mató a sus esposa; cabe aquí una mención especial al cubrimiento de El Heraldo, que ya nos tiene salpicados de sangre y viendo en amarillo) son los que despiertan la preocupación ciudadana masiva.

Es entonces Facebook, además de un mecanismo idóneo para el narcisismo y voyerismo, una inquisición amañada para condenar a ciertos criminales que cumplen con características comunes entre sí y que perjudican a ciertas personas, pues, por el contrario, ciertos otros no merecen la atención de Julito o de Vicky y por lo tanto no aglutinan ni dos cristianos en los tan apetecidos grupos de la popular red social.

No se trata de que estas denuncias no sean importantes, se trata de preguntarse acerca del papel que cumple el colombiano facebookero de bien, aquel que se escandaliza por lo que se escandaliza julitonomecuelgues, ese mismo que decide entrar al grupo de Facebook que condena unos criminales pero a otros no, ese mismo que convoca marchas a favor de unas victimas pero de otras no y que siempre está atento a ser una conciencia inquisidora que solamente aboga por condenas, más condenas y si es necesario castraciones o penas de muerte, mientras que con sus inútiles juicios digitales se siente bien consigo mismo acompañado de una horda colérica que también quiere sentirse bien y "hacer patria", la patria boba
.

martes, 7 de septiembre de 2010

El placebo de la Pola

El canal RCN, que lleva las mismas siglas de la emisora que, copiando a la Candela Estéreo de William Vil-asco, será medio oficial de una de las campañas para la alcaldía de Bogotá (según lo sugieren las malas y perversas lenguas, como la de J. Obdulio quien ya habla de Sor Pacho Santos como candidato a la alcaldía), ha venido bombardeando despiadadamente a todos sus televidentes en los últimos días con la promoción de su nueva súper novela: La Pola.

Esta empresa de comunicaciones, como si no fuera suficiente con embutirle a diario a los radioescuchas la insoportable lengua de sopa de la ahora Madre superiora Pachito o el ojo desviado e inquisidor de Claudia Gurisatti, ha decidido, escuchando a los miles de televidentes ávidos de "televisión educativa y cultural", llevar a las pantallas una telenovela histórica sobre la vida de Policarpa Salavarrieta.

No ha comenzado aún esta nueva obra de arte televisiva, pero desde ya me atrevo a pensar que se trata de una versión en Villa de Leyva y Barichara de Sin Tetas no hay paraíso, Chepe Fortuna o cualquiera de esas historias que hablan bien de lo que somos y de lo mal que lo hacemos, o "del mismo modo en el sentido contrario".

Sin miedo a equivocarme, puedo afirmar que en el fiasco televisivo que se avecina las vergonzosas-sosas historias de amor, el tributo a las obviedades, un poco de softcore de horario familiar, la gente agraciada de cara y sin gracia en el cerebro, los personajes con la misma profundidad de una columna de Poncho Rentería, las escenas de acción que dan risa y las de risa que generan inacción, seguirán dominando las noches de nuestra tele, a cargo ahora de esta nueva Pola.

No es difícil entender entonces, con estos medios de comunicación, por qué hay más interés en el favoritismo ilusorio de nuestra reina en miss universo que con los miles de calaveras anónimas de La Macarena, o por qué el colombiano de bien ávido de tv educativa y cultural sabe más de la vida de Shakira (y baila con "locura" su nueva desgracia musical) que de la ley de justicia y paz. El modelo de país que se difunde y con gusto se consume es el de la telenovela, el de Estilo RCN, el de Pacho Santos, el del periódico que usted está leyendo en este momento (entrada publicada originalmente en Eltiempo.com), el de la Negra Candela y Sweet, y aún así el típico colombiano de bien con descaro y sin sonrojarse asegura que quiere televisión educativa y cultural.

Con esta educación y cultura vivimos, con esta educación y cultura tenemos el orgullo de contar como proeza nacional con el enano más enano del "universo", con esta educación y cultura hacemos
tropipop con sombrero vueltiao, con esta educación y cultura vemos televisión. Con esta educación y cultura podremos disfrutar, como siempre, con el placebo de la Pola, sea la televisión o la bebida.

martes, 24 de agosto de 2010

La Feria no se llenó ¿y qué esperaban?


Como gran noticia se publica hoy que la Feria del libro de Bogotá, que acaba de terminar, "no recibió la cantidad de visitantes que se esperaban", y vale la pena hacer una pausa en la última parte del titular, acaso ¿qué era lo que se esperaba? En un país en el que si por mucho se leen dos libros piratas al año por persona y en el que un descuadre de 8 o 9 mil pesos (valor de la entrada a la Feria) puede significar un ayuno obligatorio, resulta, cuanto menos simpático, que esperen una concurrencia rebosante en este evento.

Yo, que no tenía la intención de repetir la frustración del año pasado al cambiar una interesante jornada de observación de techo por ir a la feria, este año, vencido por mi predilección hacia todo lo que es al gratín, asistí nuevamente a la feria.

Con una rigurosa retahíla de bienvenida, una mujer ubicada a la entrada me ataca con un formulario más detallado y extenso que el que dan en la embajada de Estados Unidos, y se ubica nuevamente por el camino que uno debe seguir, asegurando así que el formulario sea devuelto y no en blanco.

Como si esta no hubiera sido una bienvenida malvenida, tras dar los primeros pasos encontré a un hombre que revelaría muy bien mucho de lo que iba a encontrar como gran novedad en los diferentes stands, se trataba del ronco Poncho Rentería, que parecía algo así como un pescador enano en invierno...experto en peluquería.

Entré a algunos de los pabellones y comencé a descubrir, con el hastío del envidioso, que las grandes publicaciones del momento eran fruto de la gran obra de autores como apellidados Riso, Coelho, Lopez (Andrés, el mismo omnipresente de La pelota de letras), Duque Linares, Rojas, etc. Todos ellos dando tips para tener una vida feliz, conseguir el amor, vivir en paz, ser una mejor persona, alcanzar el éxito y demás autoayudas y superaciones personales anheladas por muchos lectores.

Saturado de tantos títulos para ser ganador, también pude encontrar cada una de las narraciones tormentosas de los miles de secuestrados de Colombia, quienes con justicia intentan ahora recuperar, a través de ventas de muchos ejemplares, el dinero que perdieron en sus años en la selva, así mismo lo intentan todos sus familiares y conocidos, que por supuesto tienen algo que decir sobre las intimidades de los famosos.

En este tsunami de autores que buscan tener más billetes en sus bolsillos rotos publicando sus cuitas y relaciones con gente reconocida, aparece la hermana de Pablo Escobar intentando mostrar la otra faceta de su hermano aficionado a la pirotecnia. Ahora, la señora Escobar intenta lograr lo que ya hizo Virginia Vallejo, el hijo de Escobar, el hermano, sus sicarios de confianza y todo aquel que sintió tener el talento de poner una bomba literaria que pueda convertirse en uno de los dos prestigiosos libros que se lee un colombiano en el año.

Y para finalizar con las grandes novedades de la feria, la tecnología no podía quedarse por fuera. Aprovechando también la irrupción del interne, tutier, feisbu, icq y latinchat, entre otras páginas de moda, varios expertos en las tendencias tecnológicas, han publicado, escritas a máquina, las mil y una claves para navegar la red como pez en el agua, ocho mil direcciones útiles en internet, veinte mil tips para mantener el amor virtual y demás trucos indispensables para sobrevivir en la actualidad.

Viendo así las cosas y abrumado por las preferencias editoriales, para el próximo año prefiero un recital de los poemas de Aura Cristina Geithner a cargo de Poncho Rentería, una jornada de lectura del libro de Danilo Santos o una alocución presidencial con poesía sobre las regiones del país, claro está que todo esto por fuera de la Feria del Libro.