miércoles, 12 de junio de 2013

De lo que me acuerdo...


Últimamente me sorprendo por recordar un montón de escenas del pasado que me resultan tan interesantes como intrascendentes, en principio. Creo que la cabeza tiene una capacidad limitada y me preocupa que las ideas nuevas, que probablemente cada vez son más difíciles de fijar, hagan desaparecer estos viejos recuerdos. Con cierta nostalgia temo que esos fragmentos de la infancia se pierdan para siempre en el tiempo, aunque de pronto esto sólo sea un capricho innecesario.

Como no soy Funes, el memorioso del cuento de Borges, probablemente estas imágenes estén viciadas por mi imaginación y al continuar subiendo hacia la tercera década se irán borrando paulatinamente, no sin antes dejarlas acá escritas. Creería que nada de esto es posterior al año 92 ni anterior al 88.



1. Pablo Enrique, el matón del que yo quería ser amigo, me pegó un coscorrón que me puse a llorar, sin que nadie se diera cuenta. David, el gordito de la lonchera amarilla, tal vez por solidaridad (seguramente él también fue ajusticiado por Pablo Enrique) se puso a jugar conmigo, luego de comer las papas chispa de las medias nueves.

 2. Jairo, el conductor de una camioneta renault 12 que nos llevaba a La ronda de los niños, el jardín infantil, sintonizaba Alerta Bogotá en las mañanas. Por las tardes, me llevaba una señora a quien al finalizar el año mi mamá le compró un regalo que nunca fue a recoger.

 3. Un día, llegando del jardín infantil, el edificio estaba lleno de bomberos: El enorme tanque del gas tenía una fuga.

 4. Me gustaba tomar crema de espinacas, porque pensaba que surtiría en mí el mismo efecto que en Popeye. Apenas terminaba el plato, revisaba mis "músculos".

5. Un buen día el poeta Raúl Gomez Jattin llegó a vivir al andén del edificio. (Clic para ver la historia en detalle).

6. Los viernes por la noche veía Félix el gato, algunos de ellos mi mamá preparaba carne asada con arepa.

7. Jorge, el vecino, hacía empanadas, que nos daba con Cocacola a su hija y a mí, que éramos de la misma edad. Ese vecino, decía que cuando muriera quería que sus cenizas fueran arrojadas al río Magdalena.

8. El primer día de colegio mi mamá me llevó sin uniforme y sin lonchera, entre todos los compañeros me compartieron de la suya a la hora del recreo.

9. El primer aguacero con rayos y truenos que viví en el colegio me obligó a agazaparme solo, muerto de miedo, al lado de la puerta del salón.

10. Una vez comprobado que el mundo no se acababa con una tormenta, al caer la siguiente vi por primera vez una rata. Era pateada por las botas de caucho de un celador a lo largo de todo el patio. 

11. En transición (B, se conocía en mi colegio) tuve que aprenderme un texto sobre la vida de Antonio Nariño, personificarlo, y recitarlo en público.

12. Estuve en A3 y la profesora era Patricia, en B1 Luz Amparo y en 1A otra Patricia.

13. La profesora de música se llamaba Isabel y ella nos enseñaba flauta dulce después de la jornada regular de clases.

14. La canción con la que gané la audición para hacer parte del coro del colegio, que dirigía el profesor Antonio Barriga, fue El ratón japonés.

15. Rompiendo las reglas de mi mamá en la casa, mi papá me puso un solo patín de 4 ruedas para dar vueltas por la sala, una vez dominado, me puso el otro y luego sí me llevó a la calle.

16. Mi papá tenía un Mazda 323, que desde la silla de atrás tenía un pedazo que se podía levantar y ver el baúl. Allí descubrí que el niño dios eran los papás.

17. El pánico silencioso que me daba ver cómo la puerta de la cocina de la casa de mis tíos se movía sola. Al poco tiempo descubrí que era el viento que se colaba por una ventana.

18. Me regalaron unos zapatos en forma de carro, con los que siempre estuve convencido de correr más rápido de lo habitual; todavía lo creo.

19. Cuando vi un G.I. Joe por primera vez sabía que quería uno. Luego nos regalaron varios que comprábamos en un almacén en "Sears".

20. Miguel, un vecino mayor que todos y con algún retraso mental, perdió el micrófono del casco de mi primer G..I Joe

21. Un domingo nos dejaron solos a mi hermano y a mi y nos pusimos a jugar Misión del deber. Las granadas eran bloques de fichas de Estralandia.

22. Tuve serias confusiones con Roberto Carlos, el cantante: por su cara, pensaba que era una señora, pero su nombre sugería lo contrario.

23. En la misa no entendía por qué la gente en algún momento decía "la pasea contigo".

24. Mientras jugábamos en la cancha de fútbol de la Javeriana, apareció un french poodle que al verme correr se fue a perseguirme, recorrí probablemente media pista atlética lleno de pánico. (Si conoce a mi mamá, seguramente ya ha oído esta historia).

25. Un bárbaro, vecino de la zona, llevaba a su mascota a la cancha de fútbol de la Javeriana: era un águila con las alas cortadas para que no se escapara.

26. Era muy emocionante planear juegos con mi hermana, pero cuando llegaba la hora de ejecutar los planes yo me aburría y la dejaba sola.

27. En clase de inglés, la profesora dijo que marcaran su hoja los que supieran escribir su nombre, para ese entonces no nos habían enseñado las combinaciones, entonces escribí "Alejandero".

28. Me gustaba masticar por un rato las motas que salían del saco. Un día una de esas motas me sabía feo y me di cuenta que había mordido un insecto diminuto.

29. Teníamos un vecino llamado Campo Elías y nunca entendí muy bien si era el mismo de la historia de Pozzeto, para ese entonces era muy confusa esa historia para mí, al igual que la distinción entre uno y el otro.

30. La primera comunión de mi hermano fue traumática y siempre estuve escondido, gracias a los payasos que me daban incluso más miedo que los perros.