martes, 17 de junio de 2008

Star system del Canal Uno


La llegada de los canales privados de televisión logró matar a los antiguos canales que captaban la atención telenovelera de los colombianos. Fue así como el antiguo Canal A, ahora se convirtió en tv Uribe. Consejos comunitarios a toda hora, entrevistas al presidente y shows humorísticos en el Congreso (como el circo aquel de la silla vacía con ramo fúnebre y demás).

Como muchos jóvenes empresarios, amas de casa, secretarias y contadores, entre otros de los del 84% creen ciegamente en Uribe y no necesitan verlo todo el día para saber que el único Mesías capaz de sacarnos de este infierno, pues han encontrado una opción más ‘light’ en el Canal Uno.

Esta señal televisiva que se niega a morir ahogada en su propio vómito, ha basado su existencia en algunas estrellas que le han dado un importante impulso que aún lo mantienen con vida, una vida precaria y más parecida a un canal de barrio que a uno nacional.

Para comenzar con esta constelación de estrellas cabe destacar a la reina de las mañanas: la siempre joven y bella Vanesa Navarro. Esta mujer que desde que yo tenía 4 años tiene los mismos 40 que parece tener ahora, acompañada de importantísimas figuras de la tv como Hernán Orjuela, Mauro Urquijo o uno de los guajiros de la novela Guajira, de quien desconozco el nombre, salva la vida de los feitos y gorditos colombianos ofreciendo cremas, fajas, tratamientos, maquillajes, terapias pasivas y todo lo imaginable para que los televidentes lleguemos a ser tan bellos como ella…y tal vez logremos salir en el Canal Uno.

El dueño de las noches, bordeando las madrugadas, es quien debo confesar ha cambiado mi vida: el señor Jorge Duque Linares. Sus terapias motivacionales y sus conferencias llenas de tanto humor que hasta él mismo se ríe, logran vender miles y miles de “kits de superación personal”. Desafortunadamente no he tenido el privilegio de tener en mis manos uno de esos kits, pero me gustaría saber de qué está compuesto. Este hombre, que al parecer es experto en sabiduría popular, cautiva enormes audiencias que quién sabe en qué mundo viven pues desconocen la obvia sabiduría popular. Sin dudarlo ni un segundo, puedo afirmar que este hombre es un buen vendedor, y estoy seguro de que sería capaz de venderle gasolina a Chavez…obviamente precedido de un discurso motivacional que le llegue al fondo del alma para luego darle el garrotazo en la cabeza.

Otro de los reyes de la noche, es el odontólogo y presentador Marlon Becerra, de quien toda su vida parece una gran boca con diseño de sonrisa, labios con silicona, un diente de oro y la última muela con caries. Este personaje presenta un programa de entrevistas llamado Soles y Vientos. Allí con una insoportable actitud de filósofo o poeta barato, hace preguntas que seguramente él piensa que son de una gran profundidad y somete al televidente a media hora de martirio con sus ‘interesantes’ preguntas. Sabiamente Daniel Samper Ospina dijo sobre este personaje: “(…) un dentista que es idéntico a su nombre (…)”.

El siempre guapo y simpatiquísimo Yo José Gabriel (el primer nombre es Yo), también ocupa el espacio televisivo que se merece y en una copia, al estilo del canal uno, de su anterior “talk show” entrevista a diferentes personajes con su exasperante espontaneidad de siempre. Los fieles seguidores del programa aseguran que el invitado más importante que ha ido a este programa fue el Presidente de la junta de acción comunal del barrio Bochica. Aún así todas las tías adoran al lagarto-galán colombiano por excelencia.

Y no podría concluir esta entrada sin mencionar al rey de reyes: Jorge Barón. Con su patadita de la suerte y su impecable traje blanco estaría más cómodo en la presentación de una fiesta de empresa, pero una larga trayectoria en la tv es suficiente para seguir llenando de basura los espacios vacíos de este canal. Sería redundante hablar del Show de las estrellas y sus frases celebres que bien deberían incluirse en el libro de Jorge Alfredo Vargas en El Radar, por lo cual sólo mencionaré la soltura y profundidad periodística de su noticiero Telepaís que sin duda se destaca por el aporte que hace al periodismo colombiano.

Como en toda selección, se quedan por fuera otros personajes del Star System del Canal Uno, como D’artagnan o los profundos debates de la Telepolémica, eso sin mencionar al programa más importante del canal: Sweet, que además de los presentadores cuenta con un periodista discreto, varonil y sobre todo serio que le imprime un toque inconfundible a este programa que se dedica a volver más intrascendental la realidad de este país saturado de trascendentalismos baratos.

jueves, 12 de junio de 2008

Sin bustos no hay paisito


Como alguna vez lo dijo sabiamente mi amigo Thorik, en Colombia compartimos la misma fascinación de los gringos por el busto. La diferencia es que ellos prefieren los de carne o silicona, mientras que en nuestro país los más apetecidos son los de piedra.

Es posible, en nuestro país, encontrar un busto por cada barrio y cuando uno se acerca a ver quien es el noble personaje que merece la inmortalización, un gran interrogante se apodera del cabeza, pues muchas veces cualquier fulano se hace merecedor de una estatua. No se si peco por mi gran ignorancia pero agradecería a quien me dijera ¿quiénes son y cuál es la importancia los personajes que adornan el parque de la independencia? por poner un ejemplo.

Sin embargo, como todo evoluciona, recientemente las calles de la ciudad se infestan cada día más de los monumentos a la pobreza, al desempleo y a la desesperación, se trata de estatuas que ya no son de piedra ni de mármol sino de carne y hueso.

Existen algunos que ya han involucrado en sus elaborados trajes sonidos robóticos y cuidadoso maquillaje, lo que haría pensar en una profesionalización de la carrera de estatua humana, sin embargo, hay algunos que son la fiel muestra de la situación de algunos ancianos en nuestro ‘estatuico’ país.

A pesar de que la condición de ancianidad de por sí acerca al hombre a ser como una piedra, pues no los dejan hablar, casi no oyen y pierden movilidad, no significa que estos pobres viejos no tengan derecho a lucir las sudaderas que tanto les gustan o a recorrer el barrio en busca de amiguitos de su edad, mirar por las ventanas sin preocuparse por nada, gozando de una merecida pensión.

sábado, 7 de junio de 2008

Julito: cuelga a tus colaboradores


“Julito no me cuelgues” es una de las frases más populares en el país gracias a la creativa idea del periodista Julio Sánchez Cristo, quien ‘revolucionó’ los programas matutinos de radio gracias a que permitió la participación de los oyentes por medio de las llamadas.

No me atrevería a decir cuál es la razón de dicho éxito pero una de las hipótesis es hacer creer al oyente que sus ideas le importan a alguien, aunque a fin de cuentas el hecho que Julio cuelgue el teléfono es la muestra fehaciente de que recibir llamadas al aire es tan solo una estrategia para lograr mayor audiencia, eso sin tener en cuenta las burlas a las que algunas veces se exponen los inocentes participantes.

A pesar de todo esto no puedo negar que en este programa hay invitados muy importantes que no aparecen en otros programas de radio, que muchas veces a pesar de su tono extremadamente pausado (taladrante cuando se cree poeta) y totalmente anacrónico, Alberto Casas tiene experiencia y conocimiento en varios temas que no muchos poseen; también que Félix de Bedout logra poner en el paredón a mucho rufián por ahí suelto, aunque la mayoría de ocasiones sus preguntas no sean nada inocentes y por el contrario descaradamente acusadoras.

Pero mi principal queja, ira e intenso dolor se genera cuando aparecen en escena los jóvenes que acompañan a Julio. Son pocos, muy pocos de ellos los que logran tener un conocimiento del mundo superior al de un niño de 7 años. Y he aquí algunas perlas que he encontrado:

Un día, una de las chicas con el tono agringado, así como el que usa todo el séquito de periodistas de Julito, tuvo la osadía de traducir la palabra Gangs (pandillas) como gangas, algo así como decir Las gangas de Nueva York (sonaría mejor decir las gangas de San Victorino). Además de las más de mil veces que los personajes de este programa dicen FARC como si fuera una palabra en inglés. El mayor exponente de esta ridiculez que debe tener a su madre (de él) sonrojada se llama Alejandro Marín.

En otra ocasión, pocos días después del sismo que destruyó varias casas en Quetame, una oyente de esa población llamó para participar en uno de los interesantes y creativos temas de La W: la mujer más sexy del país. Tras un hecho tan grave como la destrucción de varias casas, cualquiera esperaría que una periodista medianamente informada hubiera preguntado sobre la situación del lugar pero, obviamente, la llamada desde el destruido Quetame pasó desapercibida. Sin embargo, otra periodista mucho más audaz se dio cuenta de que en ese lugar había pasado algo grave, entonces se lamentó después de que la oyente colgara por no haberle preguntado sobre la inundación. Y yo me pregunté: ¿cuál inundación? ¿Acaso no fue un sismo?

Y la última perla, dentro de ese mar de perlas que es la W, me la regaló uno de los periodistas que hablaba sin recato de un ‘corcel’ cuando había llamado un oyente que se dedicaba a fabricar un corseletes. Según lo que entiendo hay una gran distancia entre un corcel y un corselete, pero al parecer el periodista piensa que las mujeres pueden ponerse corceles.

Y así podría continuar con una lista interminable de comentarios periodísticos similares que día a día superan en cantidad y calidad a las opiniones, reflexiones y parábolas emitidas por taxistas, mensajeros, contadores, tenderos, gerentes y subgerentes, y demás participantes del popular programa de Julito.

martes, 3 de junio de 2008

Sólo en el país de las maravillas hay pensionados


Hace algunas semanas un hombre desesperado que, en un espectáculo televisivo en vivo y en directo, se tomó las oficinas de Porvenir en el centro de Bogotá motivado por el desespero de las deudas y del hambre a causa de una pensión negada por parte del ejército, me permite continuar una historia ya contada por el más representativo escritor colombiano, Gabriel García Márquez.

Alrededor de este caso se generaron muchos debates paralelos al hecho en sí mismo, como el cubrimiento televisivo y la censura de la Comisión Nacional de televisión o el contenido del documento allí leído, su paradero final y la ‘responsable’ decisión de RCN de no publicarlo, debates tal ves más trascendentales pero que no me interesan en este momento.

Este hombre denunciaba, principalmente, que luego de no se cuántos años sirviendo al ejército nacional y sus “creativas” estrategias para garantizar el orden en el país, ahora no tiene dinero para vivir y él aspiraba que le pagaran una pensión que recompensara todo lo que tuvo hacer para obedecer a sus superiores.

El problema de la pensión negada se hizo visible gracias a una explosiva estrategia, pero desde hace muchos años hay muchos veteranos de guerra con los estómagos crujientes por el alimento que nunca llega. Nuestro premio Nobel en su libro Vivir para contarla, narra dos episodios iguales en dos épocas distintas; una muestra clara de que en nuestro amnésico país todo se repite de generación en de-generación.

Primero fue el mismísimo abuelo del escritor, el coronel Nicolás Márquez quien murió esperando una pensión por sus años de servicio al país a comienzo del siglo XX. Este hombre se dedicó a esperar, como muchos otros soldados de su época, sin hacer ningún tipo de protesta y confiando en la buena fe de sus superiores.

Luego, 50 años después, García Márquez habla de un hombre que le hizo recordar a su abuelo porque tuvo que empeñar las condecoraciones que recibió en la guerra de Corea, pues no tenía ni un centavo para comer mientras esperaba una sencilla pensión, lo mismo que todos sus compañeros que pelearon una guerra ajena para complacer los intereses de quien sabe quien.

Con seguridad, el Nobel colombiano de nuevo recordó a su abuelo en el último episodio del hombre de la granada. Con seguridad García Márquez estará pensando en un final para esta historia que comienza con un primer des-pensionado (el coronel Márquez) que esperó pacientemente, el segundo se vio obligado a empeñar condecoraciones, el tercero utilizó rehenes para presionar, y si llega un cuarto es probable que estalle una bomba para recordarle al ejército que debe cumplirle a sus ex empleados.

Esta es una señal clarísima del destino que tenemos los colombianos, la pensión es como una utopía de lugares imaginarios de cuentos fantásticos, porque en esta realidad, como lo mostró Noticias UNO el fin de semana pasado, hasta un anciano de 83 años que ha trabajado toda su vida como cartero (así como Jaimito el cartero) espera una justa pensión que nunca llegará. Lo peor es que el pobre viejo no conoce nadie que le preste una granada para ver si se hace sentir en vivo y en directo.

Y para resumir la reflexión anterior (como dice un “reconocido” blogger) una frase de mi abuela: “Así le paga el diablo a quien bien le sirve”.

martes, 27 de mayo de 2008

Un evento bogotano por excelencia


Gracias a mi nuevo trabajo como entrenador de pasarela y supervisor de uñas de reinas, tuve la inigualable oportunidad de asistir a la presentación de las candidatas para el concurso de señorita Bogotá 2008. Como al parecer este año no será por medio del tradicional reality show de City TV, les contaré algunos de los detalles más relevantes de este importante acontecimiento.

La entrada al evento fue un poco extraña pues se extendió una alfombra roja que todavía me pregunto para qué servía. No fueron las reinas las que pasaron por allí, por el contrario fueron los invitados al evento dentro de los cuales no había nadie reconocido aparte del alcalde de la ciudad. Como si la alfombra no fuera suficiente, contrataron un grupo de extras para que se ubicaran por fuera de la alfombra e hicieran bulla a cuanto gato pasara por allí.

Cuando ya la gente pasó por la elegante alfombra, aparecieron en escena los presentadores del evento. Se trataba de una ex participante del concurso y un galán criollo de quien desconozco su nombre. Ellos que al parecer fueron escogidos cinco minutos antes de la ceremonia, comenzaron a improvisar diálogos forzados y muy a tono con el trascendentalismo propio de un concurso de estos, tanto así que el presentador sin sonrojarse contó su experiencia en un certamen de belleza en el que desfiló en ropa interior.

En medio de muchos lagartos, todos de muy poca monta (hecho que comprobé al encontrar a uno de los mayores lagartos con el que estudié en el colegio), pues no estaba ni Yo José Gabriel ni Poncho Rentería, y en medio de traseros inflados, sonrisas forzadas con labios saturados de botox y tetas como globos, comencé a ver la exposición de carnes.

Los desfiles fueron alternados con los tantas veces vistos espectáculos circenses, que luego de apreciar compañías de todo el mundo en el Festival de Teatro, se convierten en un show totalmente intrascendente. Los presentadores pedían aplausos para las reinas, para los músicos, para los patrocinadores, para los payasos, para ellos mismos, para mí, para todos, y el tímido público soltaba una que otra silenciosa ovación. Sin embargo, el silencio de un desierto se apoderó del lugar cuando pidieron un aplauso para SamuELamigo, que al parecer no tiene amigos en la ciudad que gobierna.

Y todo este criollo evento tuvo su punto más emotivo (para mí) cuando se presentó el show musical central. Unos hombres, parecidos todos a Poncho Zuleta e imposibles de diferenciar entre sí, comenzaron a llenar el escenario con sus vestidos azul rey, zapatos blancos y su presencia imponente. Pero grande fue mi sorpresa cuando el cantante de vallenato Pipe Pelaez (nombre sonoro por cierto) entró en escena.

Si hay algo peor que el vallenato de la nueva (pésima) generación, es un vallenato de la nueva generación en versión acústica; y fue esa la in-grata sorpresa que el querido Pipe nos tenía preparada con mucho cariño. Los músicos acompañantes asumieron actitudes elegantes y con saxofón en mano, al mejor estilo de Kenny G además de la gran inspiración en el teclado, como Richard Clayderman, comenzaron a entonar las románticas líricas que jugaban con las palabras con expresiones como “cuando quiero quieras” (al mejor estílo tropipop de tinto, tanto, wimbi, wambis, bonka, tampa, rumbis, juampis) hasta que las amorosas y melcochudas canciones me dejaron tan empegotado como si hubiera caído una lluvia de bocadillo veleño.

Con güisqui en mano, bajo la sonrisa amarrada a las orejas de todo los allí presentes, menos yo que solo tenía cara de satisfacción por la inspiración que encontraba allí para hacer este post, disfruté como ningún otro de los invitados de uno de los eventos más característicos de nuestras hermosas y tradicionales costumbres colombianas.